Cadena circular y recurrente de significantes de sexo masculino.
(Sábado, 17 de julio de 2010)
Rulos, rulos y más rulos, voy a perderme en un mar de rulos que me atrapan circularmente en una marea de dudas. Recurrente cadena de significantes que vuelven para repetirse una vez más, pero de maneras diversas.
A veces van despeinados, en zigzag, perdidos completamente en una marcha de jueves por la noche. Volando en las frases más disparatadas de un discurso sugestionado por dulces sustancias. Atracción horizontal. Estamos hechos para la reproducción, de locos versos. Atracción vertical. De las mareas al sol. Vibración y sintonía en un trasfondo diacrónico.
Otras veces van electrizados, completamente revoltosos y presumidos. Giran y giran, y entre giro y giro van, vienen. Me besan, me muerden. Incógnita detrás de dibujos abusivos. Tentación relativamente legal. ¿Qué se esconderá detrás de esa recurrente risa? Carcajada descomunal públicamente compartida. Los colores de la pasión tatuados en el cuerpo. Desconcertantes y eróticas marcas de la vida.
Existen también ciertos giros pacificadores, de cuerpos ardientes. Rulos que encienden con su canto mis sentidos. Alegría profunda y relajante. Dulces labios que provocan extasiadas sensaciones de elixir. Te sacan a bailar y te hacen volar más allá de una mordida. Las raíces que brotan de esa semilla hippie me atrapan circularmente y me enlazan en aventuras pasajeras. Así nace una mandarina, y también tiene rulos.
Ficticios desenlaces color rosa, llenos de esperanza. Este parece devenir gris, sumergido en la duda. Los más agradables rulos son los que dejan un sabor amargo, inconsistente. Prometen ser la mejor opción, de manera superficial, mas en la profundidad de su ser hay vacío. Pertenecen a otro lugar, a otros labios, a otra alma. Traviesos rulos que me enredan con suaves caricias, dulces besos, gratificantes mimos. Enternecen mis ganas de sonreír y hacen sinapsis con mi imaginación. Rulos enamorados de un pasado latente y vivo. Dan espacio a una necesaria diversión a la vez que encierran sus ganas de entregarse. Su puerta está cerrada y no tengo la llave. Su corazón late muy lejos de su guarida. Aún aguarda su regreso. A su alcance estoy yo, disfrutando de esos rulos liberadores que no prometen nada sólido. Desconocimiento que me deja suplementariamente libre de prejuicios y ataduras. Rulos divinos, anhelando un pasado incierto.
Cuatro rulos locos.
Mili V.

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