Quiero escribir los versos más lindos esta noche. Porque la debilidad nos hace humanos y trastorna nuestras ganas de soñar, hoy y siempre quiero soñar...
Tengo mis puertas abiertas a la libertad. Al cantar de un pájaro anunciando la primavera. Al repicar de las campanas. Al sonido de las hojas caer dejando atrás este agosto otoñal. A esta leve llovizna que verá flores nacer.
Hermosa la sensibilidad que hará brotar lágrimas de estos ojos ya librados de todo mal. Volverán las sonrisas del día después dispuestas a traer felicidad, intactas como siempre. Enmarcadas por imponentes labios. Besos dulces como la miel. Deseo deleitarme otra vez.
Agradezco no tener todas las respuestas. De lo contrario, perdería la ilusión de seguir deseando. Me pierdo en la inocencia de un niño que, en su sinceridad, ríe cuando es feliz y pregunta cuando no entiende.
Hay un inmensa infinidad de cosas que no sé y que tal vez nunca sabré, pero hay algo en particular que no entiendo. A simple vista parece ser muy básico y, sin embargo, sigo preguntándome: ¿Si desde niños mamá nos enseñó a hablar y a sonreír, por qué los adultos cuando algo les hace ruido suelen callar y poner mala cara?
Dialogando las personas se entienden. Para eso existe el lenguaje. Para que nos relacionemos. Leeme los labios. Besame. Reí como un niño. Contagiame que de risa hace bien enfermar. Seamos felices.
Los niños son sabios porque preguntan cuando no encuentran respuestas. Para todo hay solución, solo es cuestión de construirla. Y la única forma de hacerlo es relacionándonos con los demás, hablando, reflexionando, bailando, cantando, abrazando, besando.
Mente adulta, corazón infantil...
Mili V.

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