Fallé, una vez más. Muchas veces fracasamos, y es eso lo que nos hace valorar nuestros logros. Pero esta vez así no fue. Debía pasar un examen, no por fanatismo, ni por sentirme más capaz, sino por obligación. Mas no se trata de una obligación superyoica edípicamente impuesta, sino por una que yo misma me impuse. Se trata de mi deseo, es el éxito que implicaba estar un paso más cerca de volar. Es que deseaba rendir 3 materias para poder, realizar este año la residencia clínica y, así, terminar mi cursado de la carrera. Ustedes se preguntarán, ¿por qué motivo, razón o circunstancia es tan importante para mí terminar el cursado de la carrera este año? La respuesta es muy simple, el año que viene mis proyectos implican liberarme de todo lo impuesto, viajar, conocer, experimentar, sin dejar cosas tan importantes desde mi punto de vista, pendientes. Es que cuando hay mucho implicado, la caída es más fuerte. Me tardó exactamente 5 días, muchas asociaciones y una charla de entendi2 descubrir este vaivén de felicidades y angustias. Sin dudas es así, tan así que esta reflexión me trae un recuerdo, que no deja de ser encubridor, ni traumático…
Hace algún tiempo atrás me encontré en la cima de la felicidad, y repentinamente un día desapareció, se fue junto con él. La angustia fue tan fuerte que aún persiste y sintomatiza mi cuerpo. Cada vez que algo en mí fracasa, mi angustia aumenta recordando aquél momento de angustia abrumadora. No me había percatado de aquello hasta este momento. Me siento simplemente orgullosa de esto, pero tengo miedo. Miedo de que el saber opaque mis conocimientos. Miedo de no ver que mi supremacía deja que mi síntoma se desplace. Miedo a descubrirlo. Miedo a no creer. Miedo a no encontrar al profesional indicado entre tantos malos. Miedo a no situar la cura de mi angustia. Miedo a no poder volver a enamorarme…
Todos estos miedos surgen del mismo saber. Haber descubierto todo esto es muy importante, pero no lo es todo. Para ir detrás de mis deseos y ser feliz tengo que bajarme de la palmera. Entender que el autoanálisis es un arma de doble filo. Aceptar que todas las veces que me recalcaron que no cura, fue por una razón. Y si, la puedo resumir, se trata de “resistencia, represión y desplazamiento”. Muchos se atreverían a pensar: ¿por qué el desplazamiento? Y es porque la represión de una escena traumática inconsciente genera el síntoma, y por más de que yo logre rodearlo, existe una resistencia que hace que al intentar tocarlo, el síntoma se desplace…
¿Cómo es que ocurre este desplazamiento? Vamos a ilustrarlo en un ejemplo práctico. Unos días después de haber rendido mal, vino un chico a visitarme. Me dijo que se sentía enfermo, que le dolía la garganta. Compartimos unos mates y, al otro día, me dolía la garganta. Para muchos desentendidos esto es una consecuencia obvia, propia del contagio del discurso médico. Como yo no creo en esas cosas, supe que él mío era un síntoma de identificación histérica y no un simple contagio. Pero, ¿identificación a qué? Es que la tarde anterior habíamos tenido una charla acerca de viajar y, casualmente, ambos teníamos el deseo de viajar por Latinoamérica el año que viene y, por dicha razón, es que estábamos trabajando todo este año para poder costearlo.
Ahora bien, ustedes se preguntarán: ¿por qué el autoanálisis no funciona? Es que es un medio, y no una meta. Un puntapié inicial, y no una cura. Una satisfacción similar a la del mismo síntoma. Incluso, permite que el síntoma se desplace metonímicamente. Ya no me dolía la garganta, sino que no podía respirar. Sentía el pecho cerrado. Esto se llama angustia, le dije anteayer. Ahí fue cuando descubrí el vaivén de las felicidades y las angustias, en la charla entre entendidos. Luego le hice varías preguntas perspicaces acerca de su angustia. Al otro día, sin saber muy bien porqué, curó. Sin embargo, yo sí sabía el porqué. A buen entendedor pocas palabras pensé, estaba satisfecha y callé.
Hoy escribiendo recordé muchas cosas, y hay otras que se repiten. Recordé que el autoanálisis por sí mismo no sirve, que idealizo mucho a mi objeto de amor perdido y que mis síntomas se repiten. Pero: ¿Dónde está el error? Ayer fui al médico en vez de analizarme, sabiendo incluso que no estaba haciendo lo correcto. Me recetó una cura de pastillas mágicas y me dijo que si mi cuadro sigue repitiéndose debería someterme a un tratamiento de vacunas orales. En lo más profundo de mi ser yo sabía que no era esa la solución. Estaba actuando como el común de la gente, con resistencia a la verdad, con represión de mi angustia. No obstante, hay algo que sé, y es que no quiero que mi síntoma siga repitiendose en bronquitis y broncoespasmos ocasionales.
Hoy amanecí con catarro, pero mucho mejor que ayer. Necesito vencer mi miedo y analizarme. Mi deseo me pide a gritos hablar. Quiero hacer metáforas y que algo caiga, para poder renacer… ¿necesitaré "vacunas orales"? Sí, de las que escuchan e incitan a hablar...
Mili V.