La música tiene vida propia. Como vivir sin ella? Es difícil convivir en ella y casi imposible vivir sin ella. Cautiva mis emociones y se introduce en mi cuerpo en un solo parpadear, en el canto de un pájaro, en el murmullo de los bares, en el rasguido de una guitarra, en la percusión de un bongó, en las cuerdas de un violín, en las teclas del piano, en los recovecos de mis tímpanos, en las puertas de mi alma…
Hay melodías dulces, extravagantes, abruptas, románticas, locas, bruscas, armónicas, desafinadas, precisas, agobiantes, tranquilas, rápidas, ruidosas, leves, rebuscadas, dolorosas, alegres, triunfantes, sincrónicas, soñadoras, y podría estar horas describiéndolas. Las sentimos del comienzo al final de nuestros días. Desde la voz de mamá, la canción de cuna, el timbre, el teléfono, el ringtone del celular, el grito de un gol, la bocina del auto, el himno nupcial, el cántico para difuntos.
La música es arte. Habla hasta cuando no hay nada más que decir. Te sumerge en su inmensidad. Te llena. Te absorbe. Te nutre. Es un arma sumamente peligrosa. Te consume y te da vida. Te conmueve. Te sensibiliza. Te despierta. Te hace revivir. Te levanta el ánimo y hace catarsis conmigo. Duerme en mi inconsciente. Y va formando parte de mi vida. Convivo en ella. Está cuando lloro, está cuando río. No me percato y se va convirtiendo en mi mejor amiga, la más fiel de las compañías.
Me va secuestrando poco a poco y, de repente, me veo capturada en el teclado de la computadora, en la letra de una canción. Aquella que no deja de resonar en mis oídos. La dejo de escuchar y sigue intacta, junto con aquél que la escribió, la hizo sonar y le dio vida. El primero que me cautivó sin hacer música. Músicos, que se merecen un párrafo aparte.
A los músicos uno no los llama. Aparecen, de todos lados. Son las mismas personas con las que uno se cruza día a día, con la diferencia de que hacen música. Es una cadena de significantes en espiral, un caracol, un laberinto sin salida y sin llegada. Me encantan los músicos, pero a veces siento que lo perciben. Paulatinamente van apareciendo de los lugares y modos más extraños transformándose en una obsesión de la que no se puede escapar, un amor descartable. Hombres que una no sabía que eran músicos y evidentemente lo son. De repente me transformé en un imán musical, me buscan hasta donde no estoy, me convocan, me absorben, me agregan, me acosan, hasta consiguen mi número de celular y, hasta he llegado a acosarlos yo misma.
Se tratará de una inconmensurable obstinación de la que no se puede salir corriendo? Tal vez es más simple, una mujer atrae a quién quiere atraer. Será un arma de doble filo? Quizás, pero prefiero correr el riesgo. No puedo vivir sin música, es parte de mí. Mi punto de partida, mi motor, mi llegada. Una agradable forma de expresión. Es amor, es dolor. Es tragedia, drama, alegría. Es ritmo y movimiento. Sentimiento y melodía.
Músicos, sigan viniendo a mí. Pero no se lleven todo, dejen algo de mi espíritu...
Volvé Cerati así vamos juntos a la ciudad de la furia…
Mili V.

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