martes, 10 de mayo de 2011

Relato de una amante frustrada

Anhelando seguir soñando...
(10 de mayo de 2011)

Doy vueltas en espiral y no llego a ningún lugar. Mi cadena significante corre y va interpretando vidas robadas. Me sumerjo precipitadamente en un placer angustiante. Se trata de un goce que vive en mí, y va clavándome sus espinas. Soy como una rosa disecada. Grandes amantes desesperados van consumiendo el líquido de mi cuerpo. Solo me resta el 10 % de agua, poque el otro 60% se lo llevaron dejándome deseos llenos de ilusiones. No me dejan escapar...


Me preparo para la huida nuevamente. Me tomo el tren de los sueños. Tengo miedo. Me asomo por la ventanilla para ver un campo lleno de rosas frescas, coloridas y hermosas, pero que ya no son mías. Doné la receta, mis tiernas semillas y un manantial de agua purificada. Mi paciencia caducó. Sus raíces amargas atraparon mis emociones. Me ganó la impotencia de no poder saborear sus dulces frutos. Llegué a la estación y quise descender, pero ya no había nadie esperando. Me asaltaron unas jardineras de cabellos rubios…

La historia  vuelve a empezar. Ellas agotaron mi pasión, mi sangre, me arrebataron la vida de las manos. Se llevaron mi voz y mis sentidos. Encerraron mi corazón en una compulsión a la repetición agobiadora, que solo les apareja felicidad. Me hipnotizaron y encontraron la formula de mis dulces besos. Ya no son únicos ni indispensables. Tienen las herramientas para vencerme. Yo misma se las di sin darme cuenta. Me asesinaron. Mi altruismo quitó el amor de mis entrañas. Mi paz se derramó en sus almas. Tranquilas y felices se van, junto con mis amantes…

 La calidez de mis ojos se prendió fuego. Uno de ellos me persigue. Mi amor transferencial lo ayudo a sobrevivir, dejándome sola con mi profesionalismo. Me pregunto una y otra vez: ¿Habré hecho mal? ¿Habré hecho bien? Tal vez nunca lo sabré. No debí involucrarme. El destino es el mismo, por segunda vez consecutiva. Di lo mejor de mí y no me quedo nada más que una angustia que aprieta mi pecho sin cesar. Ya no me necesita. Me arrojé debajo del tren catalogándome como la mejor amante frustrada. El fuego de la fe me consumió en vida. Mis cenizas se las llevo el viento. La esperanza es lo último que se pierde, ¿no? Calma...


Mili V.

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